Modernidad Líquida

Desde hace algún tiempo se empezó a percibir un cambio de estructura en la manera de estar del hombre en su entorno y como se relacionaba con los demás. La rigidez de la modernidad estaba quedando atrás y se abría la posibilidad de emprender un nuevo camino con otras posibilidades de acción para el hombre como individuo y como parte de una comunidad.

En el Capitalismo Liviano, como lo llama Zygmunt Bauman, los individuos paran de ser productores a consumidores y este cambio de actividad trae consigo una promesa de libertad para los hombres que ya no están obligados a ser solo mano de obra, cumplir horarios, seguir rutinas ni responder a las órdenes de sus supervisores. Son libres de tomar de decisiones y por lo tanto son responsables de afrontas las malas consecuencias que están puedan traer. “Todo recae ahora sobre el individuo. Sólo a él le corresponde descubrir qué es capaz de hacer, ampliar esa capacidad al máximo y elegir fines a los cuales aplicar esa capacidad.” (Bauman, 2005, p.68)

El individuo de la modernidad líquida, término que acuño Bauman, libre de las cadenas impuestas por el trabajo, no se preocupa por el Gran Hermano que vigila cada uno de sus movimientos, este hombre tiene una nueva manera de estar en el mundo pues es completamente responsables de sus actos, es él el encargado de descubrir sus capacidades y explotarlas para cumplir con los objetivos que el mismo se impuso.

Para el hombre consumidor el trabajo es una actividad indispensable en su vida. La inactividad se ve como anormal, por dos razones:

Primero, a través del trabajo el hombre demuestra sus capacidades, de las que debe sentirse orgullo o avergonzado pues es gracias a sus resultados que será juzgado por los demás, “la modernidad no conoce otra vida más que la vida “hecha”: lo que hacen los hombres y mujeres de la modernidad es una tarea, no algo dado, y una tarea siempre incompleta. (…)Se espera que los hombre y mujeres usen su ingenio para elevar su condición.” (Bauman, 2005, p.144)

Segundo, gracias a los frutos de su trabajo aumenta o disminuye su poder adquisitivo por lo tanto aumenta o disminuye su nivel de libertad y su domino sobre los demás.

La vida al igual que el trabajo no se ve como una historia continua, se ve como una sucesión de eventos independientes a los que hay que enfrentarse uno por uno, los planes se hacen a corto plazo sin preocuparse por las consecuencias de los actos presentes. El futuro no es relevante porque falta mucho tiempo para llegar hasta él y el pasado tampoco, pues ya ocurrió hace mucho. “Hoy viajamos sin una idea de destino que nos guíe” (Bauman, 2005, p.142)

Bibliografía

–          Bauman, Z. (2005), Modernidad líquida, Rosenberg, M (trad.), Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica de Argentina

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